El pesar de Roger Federer.
Durante su reinado, y a consecuencia de su andar avasallador, dejó de sorprender sus inquebrantables rachas de éxitos, en las cuales coleccionaba títulos y records por igual. Aquel hombre había sentenciado con su drive que todos los demás debían jugar por el segundo puesto, ya que el uno no iba a estar en discusión.
Así llegaron los tiempos del rey, en los cuales sus rivales hacían fila tras de él para ver quién podía derrotarlo. El acostumbramiento al éxito de un solo hombre sentenció que a partir de entonces la noticia no fuera cuando el suizo conseguía un nuevo título, sino cuando perdía algún partido, en especial si ese partido lo perdía fuera del polvo de ladrillo y con algún rival diferente a Rafael Nadal.

Adios sueño olímpico.
Son otros tiempos. La derrota de Roger Federer a manos de James Blake no sorprende a nadie, ya no es noticia. A partir de este momento de su carrera todo ha vuelto a la normalidad, desde ahora volverán a ser noticia sus éxitos, sus título conseguidos y volverán a tener relevancia y el consecuente valor aquellos triunfos que pueda conseguir frente a grandes jugadores, esos a los que hace poco tiempo atrás los derrotaba con suficiente holgura como para que nadie, ni siquiera él mismo, le diera el mérito que dichas hazañas tenían.
El escenario cambió para Federer. La realidad que vive es muy diferente a la de hace poco tiempo atrás. Sus rivales ya no son los mismos, no sólo porque mejoraron su juego, sino también porque ahora saben que el suizo es humano y se lo puede derrotar. También Federer cambió, porque los años no llegan solos, su físico seguramente ya no es el mismo que hace 2 o 3 años. Su mente es otra, ahora saciada su ambición de hacer historia en el tenis siente que no queda tanto por lo cual luchar.
Tantas cosas cambiaron, pero cuando hoy lo veía jugar a Roger Federer me daba la sensación de que él todavía no tomó conciencia de todos estos cambios. En su forma de desenvolver su juego parece estar ensañado en querer volver a jugar de la misma forma en que lo hacía dos años atrás, y encima, tener éxito. Si otrora Roger podía imponer de forma contundente su juego, sin hacer mayores modificaciones tácticas acorde al rival que tenía en frente, ahora debe saber que esos tiempos pasaron. El nuevo escenario le exige un cambio en su juego, una adaptación a esta nueva realidad que le toca afrontar.
Si Federer podrá seguir vigente durante algunos años más, o si perecerá en una pronunciada debacle tenística y emocional, creo que dependerá de la capacidad que muestre para esta adaptación; la cual no solo requiere modificaciones a su patrón de juego, sino una nueva concepción de su carrera, ya que deberá aprender también que las derrotas son algo con lo cual se debe convivir, como lo hacen todos los otros jugadores, algo de lo cual el suizo estuvo exento durante los últimos 4 años de su carrera.
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