Juan Martín del Potro (Los chichos crecen…)
Ensalzados por un período magnífico del tenis argentino, en el que llegó a tener cuatro jugadores en el top ten, y que regaló otros tantos finalistas (y un ganador) de Grand Slams, nos costó asimilar que este 2008 haya sido tan pobre en el rendimiento de nuestros jugadores, sobre todo en los torneos importantes.
Pero cuando parecía que la única forma de salvar el año era ganando la Copa Davis, apareció en escena y con ganas de consolidarse, una gran promesa del tenis argentino que por diferentes razones venía postergando su tan esperado despegue.

Juan Martin del Potro
Juan Martín del Potro estaba en los libros de todos; no apareció de la noche a la mañana para dar un batacazo que nadie esperaba. El mismo lo ha dicho públicamente en frases tales como “yo sé que en Argentina esperan mucho de mi…”, es decir, el pibe es totalmente consciente de que hay un país al que se le van acabando sus jugadores de referencia y por ende debe aparecer un sustituto capaz de cargar sobre sus hombros tanta sed de exitismo nacionalista.
Con su andar cansino y su capacidad para manejar la presión en momentos importantes de los partidos, parece ser un jugador mentalmente apto para los grandes momentos que este deporte podría tenerle reservado. Evidentemente, en su primera final, no sintió la presión del debut, y terminó ganándole nada más y nada menos que a Richard Gasquet sobre polvo. Una semana después, le estaba ganando otra final al local Meltzer, para luego de 2 semanas, ganarle en suelo estadounidense al siempre complicado Andy Roddick.
Pero las muestras de fortaleza mental ya las había dado un año antes, en Austria, cuando por la Copa Davis Argentina tuvo que presentar un equipo diezmado por ausencias de
David Nalbandian, Agustín Calleri y Juan Ignacio Chela. En aquella oportunidad, y para los dos primeros partidos de singles, Mancini puso al “Chucho” y a Cañas, ambos con excelentes presentaciones que le darían al equipo nacional sus dos primeros puntos. Al día siguiente se perdió el dobles y Mancini sacó su as de la manga: Juan Martín del Potro.
Le tocó enfrentar a un gran jugador como lo es Jürgen Meltzer, en especial sobre canchas rápidas, como era el caso, todo esto dentro del escenario típico de Copa Davis, escenario que a muchos les ha resultado imposible de manejar (Juan Ignacio Chela?). Sin embargo del Potro hizo un gran partido, ganando el quinto set con total autoridad y dejando claro en aquel entonces que manejar la presión no sería un punto débil para lo que vendría en el futuro.
Por ese antecedente, y por sus obvias condiciones innatas, todas las miradas del tenis argentino estaban dirigidas hacia él. Se esperaba que el 2008 fuera el año de su definitivo despegue, aunque tuvo que postergarlo algunos meses por diferentes lesiones que lo venían persiguiendo desde el año anterior, año en el que tuvo buenas actuaciones, pero también sorteos no muy favorables que lo terminaban enfrentando siempre en primera o segunda ronda a Federer, Nadal o Djokovic. La tranquilidad con que este año enfrentó en sendas finales a Gasquet y a Roddick parece evidenciar que supo capitalizar aquello.
Su Juego
Lo primero que salta a la luz cuando uno ve jugar a Juan Martín es como le corre la bola. Es de aquellos jugadores que parecen sentir en sus manos el transitar del juego, permitiéndole focalizarse exclusivamente en dónde va a poner la bola, sin la necesidad de abocar mayores recursos a la acción de pegarle a la bola en sí. Seguramente esta característica es la que le permite direccionar su drive a cualquier sector de la cancha con total facilidad, desde afuera hacia dentro, desde adentro hacia fuera, en paralelo o totalmente cruzada. Todo parece salirle fácil.
Su revés no es malo, le pega recto y fuerte, es efectivo aunque no es un golpe que todavía le permita ganar muchos puntos. En del Potro no veremos esos ángulos imposibles o esos winners paralelos de Nalbandian; pero lo cierto es que ese revés parece ser mucho más en potencia que en acto, lo que significa que todavía tiene mucho más por pulirse y mejorar, y no tengo dudas que así será.
No hace falta ser muy agudo para darse cuenta que el punto débil de este muchacho de dos metros de alto es su desplazamiento. Si bien maneja muy bien las piernas para ajustar sus disparos, tiene problemas en sus desplazamientos hacia los costados, en el especial hacia adelante, cuando debe ir a buscar drop shots o pelotas bajas. Pero el progreso que también mostró en este rubro hace pensar que todavía hay mucho margen para seguir mejorando.
Su Futuro
Un jugador con tanto talento, y que parece tener la facilidad de adaptarse a cualquier tipo de superficie, nos asegura algo que no tiene precio: mantener por algún tiempo la ilusión de que un argentino pueda ganar alguno de los 4 Grand Slams que se juegan cada año.
Ojalá que nuestro chico no deba sufrir el karma típico de cualquier ídolo nacional, ojalá no sea devorado por los medios ni que tenga que salir a dar explicaciones a cualquier sobre malos momentos o resultados que el tenis les tiene reservado a todos los jugadores.
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