The Man.
El 2008 quedará como el año en que el “chaval” dejó lugar al hombre, y en el que el hombre, casi como un designio de los astros, en una misma semana, se convirtió en número uno del mundo con una medalla de oro colgando de cuello. Fue el premio que estaba buscando, fue para lo que se preparó y por lo que luchó, y llegó hasta allí porque jamás se hubiera conformado con menos.
Rafael Nadal, con su tez oscura, con su pelo largo y su pañuelo en la cabeza, con sus colosales hombros expuestos y sus gestos de lucha, expresa estéticamente al guerrero que lleva adentro; un cacique azteca dispuesto a enfrentar lo que sea que le tengan preparado los dioses para, por fin, consolidar su imperio.

El Guerrero
Ante los ojos incrédulos de tenistas y espectadores, Rafa Nadal tuvo un meteórico ascenso desde su aparición. Con apenas 19 años ganó su primer torneo de Grand Slam y se convirtió sin apelaciones en el rey absoluto del polvo de ladrillo, perdiendo solo un par de partidos en esa superficie, y en todos esos casos por no estar bien físicamente. El polvo de la ladrillo es la superficie del guerrero, del jugador combativo que construye su juego desde la defensa, estos jugadores rara vez suelen hacer cosas destacadas en otras superficies, y en caso de hacerlo, difícilmente pueden sostenerlo por un tiempo prolongado.
Tal vez por esa razón Rafael Nadal era el único que creía en sí mismo, mientras que todos los demás seguidores del tenis asegurábamos que Nadal jamás podría convertirse en un gran jugador de otras superficies y por ende, permanecería sin chances de alcanzar a su presa, Roger Federer. Por otro lado, al ver el enorme desgaste físico que hacía el español para ganar hasta los partidos más simples, nos hacía pensar y decir a todos, desde el sentido común y la lógica, que este chico no podría sostener ese ritmo físico sin comenzar a sufrir serías lesiones y un desgaste prematuro en su rendimiento.

Derrota
¿Tal vez haya sido subestimación al espíritu guerrero con el que los dioses lo bendijeron? El hecho real es que no sólo su físico no pareció sufrir el desgaste predicho, sino que tampoco su ambición y objetivos se vieron dañados. Por otro lado, el 2008 fue el año en el que Rafa Nadal presentó el progreso tenístico más apreciable de su carrera, el joven guerrero ya no necesitaba de épicas batallas para superar las primeras rondas de los torneos, y con esta síntesis de juego lograba el margen suficiente para conservar su más preciado bien, su espíritu de lucha.
El comienzo de año lo tuvo a Rafael Nadal en una posición inédita para él, por primera vez en mucho tiempo su número 2 estaba siendo asechado. Quien desafiaba al cacique era una joven promesa al que muchos le pronosticaban ser el próximo número uno del mundo, aun por sobre los sueños del guerrero. ¿Fue aquí donde a Rafa Nadal le tocaron el orgullo y la fibra más íntima? ¿Fue este catalizador que encendió la última llamarada de furia que el guerrero necesitaba para de una vez por todas conquistar su imperio?

¿Quién tiene más claro hacia dónde va?
Wimbledon 2008 quedará como la batalla final de estos dos rivales. El español ya se mostraba muy cómodo en el césped, mientras que el suizo parecía ir recobrando fuerzas y confianza para la gran final que ya todos palpitábamos. Aquella final fue mucho más de que habíamos imaginado. Aquellos match points salvados, aquellos nerviosismos evidenciados, aquellos gritos de histeria que bajaban desde las tribunas, aquellas inoportunas interrupciones por lluvia, y aquel desenlace letal para el suizo, y ese guiño final que Rafael Nada había esperado tanto tiempo por parte de los dioses, todo aquello fue escenario que se había materializado para concluir un reinado y comenzar un imperio.

La noche trajo la luz para Rafael Nadal
Rafael Nadal. Un guerrero, un luchador. Tal vez nunca seamos lo suficientemente justos con él, su juego poco vistoso, su gestos por momentos irrespetuosos, sus tics, manías y rituales son muy poco atractivos para aquellos que seguimos el tenis y nos sentimos identificados y agradecidos por aquellos jugadores virtuosos, elegantes e imaginativos, esos que parecen pincelar las jugadas para luego enmarcarlas en un imaginario rincón donde nuestros deseos reafirman el capricho de que el tenis, a veces también puede ser arte. Es pretencioso y poco realista con la naturaleza de un juego en el que la competencia es la esencia primera, pero aquello que nos atrae y nos seduce no proviene del resultado de nuestro intelecto, sino de una impresión estética que nos lleva a elegir y definir nuestros gustos.
Rafael Nadal, enarbolando ante todo la bandera del guerrero, conquistó lo que siempre había perseguido, ese número uno que casi todo el mundo le había pronosticado que jamás alcanzaría. El haberlo hecho bajo este contexto, su logro tiene un tinte muy especial, ese sabor a revancha, al goce infinito que concede el hecho de haber desafiado a los dioses y haberlos hecho claudicar.
Salud Emperador!

Bendición final de los dioses del olimpo.
Tags: Rafael Nadal
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August 18th, 2008 at 10:26 am
es cierto, nunca me va a gustar como juega este soberbio, pero se merece el numero uno
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August 18th, 2008 at 12:27 pm
excelente el post, tampoco me gusta nadal pero que se le va a hace…
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August 19th, 2008 at 11:23 pm
Muy bonito el post pero se vuelve a caer en el mismo error. Salvo Federer en sus mejores momentos, no hay ni un solo jugador en activo dentro del circuito que maneje tal variedad de golpes y tan buenos como Rafael Nadal (¿tal vez Djokovic en algunos momentos?).
Se sigue menospreciando su tenis cuando le da cuatrocientas vueltas al 99,9% del circuito y se encuentra al nivel del de Roger Federer. La diferencia es que, cuando la bola resulta inalcanzable, cuando Roger Federer podría limitarse únicamente a mirar la bola pasar, Rafael Nadal se exprime y llega a dar ese golpe imposible… por eso se dice que su juego es poco vistoso, porque llega a devolver como puede aquellas bolas que ningún jugador podría llegar a imaginar que pudieran devolverse.
Saludos.
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August 20th, 2008 at 11:27 am
Shama, concuerdo en el hecho de que se “menosprecia su juego”, por esa razón en el post escribí “tal vez nunca seamos lo suficientemente justos con él”, y lo digo desde la óptica de aquellos que sobrevaloramos a los jugadores ofensivos (que en algunos casos son pésimos en la defensa) y subestimamos a aquellos que presentan una defensa maravillosa.
Podriamos decir, una falla de fábrica!
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