Chanchullo

Seguramente jamás sepamos exactamente cómo sucedieron las negociaciones, cuántos teléfonos sonaron, o qué elementos se utilizaron para la persuasión. Lo cierto es que en el aire perdura una sensación clara de que aquí hubo chanchullo.La sede debía ser Córdoba. Así lo habían pedido los jugadores y el capitán del equipo. Era lo que todos barajaban y lo que la prensa se animó a anticipar en forma vehemente. Pero cuando lo que esperábamos era la confirmación, llegó una sorpresa.

En lo estrictamente técnico no hay porqué chillar. Se jugará sobre carpeta indoor como bien pedían los jugadores y marcaba el sentido común. Pero si vamos más allá de lo técnico y nos metemos en el business y la política, entonces llegamos a ese lugar donde la pasión que sentimos por un deporte que seguimos y jugamos durante tanto tiempo, choca abruptamente con una miserable realidad en la que los actores secundarios se adueñan de la escena sin otro propósito que el lucro personal.

Los que seguimos algún deporte somos ilusos conscientes.  Es decir, elegimos vivir una ficción en la cual resaltamos valores e historias que nos resultan atractivas, mientras que otras tantas, las oscuras y maliciosas, las dejamos en un lugar marginal con el fin de que no sabotee nuestra completa entelequia. Sostener el romanticismo por un deporte es un trabajo cada vez más arduo en épocas de mega exposición y sponsors que se llevan puesto todo, pero aún así lo hacemos porque nos place tener un rincón más en el cual soñar.

Toda esta delicada construcción individual y colectiva es un bien que ponderamos todos, y es por esta razón que sucesos como el que aconteció hoy, en turbias negociaciones tras bambalinas, con trasfondo político y publicitario, termina por convertirse en una sensación de intrusión y despojo, un acto de vandalismo hacia parte de un espacio que creíamos nuestros.

En mi condición de porteño, no me satisfacía en nada si la final se jugaba en Córdoba, pero si así sucedía, me hubiera alegrado que se cumpliera la voluntad de los jugadores, parte históricamente real de este universo tenístico que elegimos compartir todos nosotros. Pero ahora que la final se jugará en Mar del Plata, debo pensar que alguien ajeno a todo esto nos dejó cara a cara con esta cruel realidad que dice que todo esto no es otra cosa más que un negocio.

Yo lo sabía. Pero normalmente elijo no pensar en ello. Por esta razón me moleta tanto que me lo recuerden de esta forma.

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