Frustración
Una tristeza indisimulable y una urgente necesidad por encontrar explicaciones. O culpables. Tal vez ese sea el resultado que arroja la primera radiografía que se puede hacer del mundo tenístico argentino. El dolor y la frustración es exponencial porque todas las condiciones estaban dadas para que Argentina por fin lograra su sueño de Copa Davis. Argentina era local, tenía en su plantel a dos jugadores que pasaban un gran momento, se eligió la superficie más favorable para ellos, y encima, su rival, el equipo español, había visto diezmada sus posibilidades al perder al número uno del mundo, Rafael Nadal, por problemas físicos. Los otros integrantes del plantel no cotizaban muy bien, David Ferrer por venir jugando muy mal, mientras que Feliciano López y Fernando Verdasco, eran catalogados de pecho frio, y según auguraban todos, no soportarían la presión que el público argentino haría descender desde las tribunas. La realidad es que nos sentimos campeones antes de jugar.
A la hora de buscar explicaciones sobre esta dolorosa derrota, no puede hacerse a un margen la cuestión Del Potro. Se habló mucho sobre si debía viajar a Shangai o no. Tras evidenciar su fatiga física y mental, éramos muchos los que cruzábamos los dedos para que el jugador de Tandil decidiera priorizar esta posibilidad histórica para el tenis argentino. Pero el jugador que fuera crucial en la definición de la serie con Rusia, y que permitió que esta final sea posible, tomó la decisión de priorizar su carrera individual. Una actitud irreprochable desde el punto de vista personal y profesional, aunque nosotros, los argentinos que durante tanto tiempo esperábamos este momento, no podamos esconder la bronca por una posibilidad concreta despilfarrada por un vanidoso deseo de quedar retratado en una efímera foto en Shangai para un torneo que no tenía posibilidades de ganar.
Tras la contundente victoria de Nalbandian frente a Ferrer, Del Potro saltó a la cancha y muy rápidamente se hizo notoria la fatiga que el tandilense arrastraba desde estos últimos meses. Tras sufrir una penosa derrota en manos de un jugador sin demasiados recursos tenísticos, pero que aún así supo estar a la altura de las circunstancias, toda nuestra suerte quedaba apostada al dobles que protagonizaran David Nalbandian y Agustín Calleri. Fue un partido cerrado que terminó por inclinarse por la pareja española. La diferencia fue claramente la cantidad de partidos que López y Verdasco llevan jugados como pareja de dobles. En contraposición, en los últimos tiempos, Argentina viene sufriendo la falta de una pareja robusta y estable para este importante punto que en tantas ocasiones ha definido las series. Cuando el equipo argentino perdió este decisivo punto, todos sentimos lo irremediable, la copa estaba perdida.
Al igual que en el 2006 frente a Rusia, toda la responsabilidad cayó en José Acasuso. Sin embargo, poco pudo hacer este misionero que no viene pasando por el mejor momento de su carrera. Aún así logró llevar el partido a un quinto set, aunque luego lo perdiera por paliza.
Todo esto que había sido armado para una fiesta, terminó en una triste derrota manchada aún más por un triste espectáculo en la conferencia de prensa, con reproches cruzados y muestras de hartazgo y resignación. Esta derrota traerá consecuencias. Es muy probable que David Nalbandian no juegue la Copa Davis el año próximo, y tal vez nunca más lo haga. A Del Potro le seguirán recordando que en su momento eligió Shangai y no la Copa David. Agustín Calleri y Guillermo Cañas son jugadores cerca del retiro. Ha habido un cortocircuito muy grande entre los jugadores y los dirigentes de la asociación. Entonces, ¿Qué nos deparará esta nueva etapa de Copa Davis que nos espera? Difícil saberlo, pero por el momento, es fácil presuponer de que deberá pasar algún tiempo hasta que se vuelva a presentar una oportunidad como esta para ganar la tan esquiva ensaladera.
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